La otra guerra energética: Iberdrola y Endesa chocan con Naturgy, Cepsa y Repsol por el impuesto del sector

La patronal eléctrica pide «coherencia» con la propuesta de Bruselas, que baraja un impuesto que no afectaría a estas empresas en España Leer

La otra guerra energética: Iberdrola y Endesa chocan con Naturgy, Cepsa y Repsol por el impuesto del sector

La patronal eléctrica pide "coherencia" con la propuesta de Bruselas, que baraja un impuesto que no afectaría a estas empresas en España Leer

Aelec ha reabierto durante su IV Congreso homónimo una lucha soterrada en el sector energético: sobre quién deben recaer los impuestos por los beneficios ‘caídos del cielo’ durante la crisis actual. La patronal de las eléctricas -sus socios son EDP, Endesa e Iberdrola- pide «coherencia» e ir en línea con la propuesta de la Comisión Europea adelantada por su presidenta, Ursula Von der Leyen en su reciente discurso sobre el Estado de la UE. Es decir, apuntar a los beneficios, no a los ingresos y hacerlo de una forma que en el caso español afectaría más a petroleras y gasistas. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, mostró recientemente su predisposición a plegarse «a lo que plantee la UE».

Durante el evento, la presidenta de Aelec, Marina Serrano, apeló a que el impuesto que tiene que aprobar España tenga «consistencia» y sea «coherente y armonizada» con lo que ocurra en Europa, según recoge Europa Press. También volvió a negar «tales beneficios extraordinarios» y aseguró que las empresas eléctricas también están «deseando» recuperar la normalidad en los precios. Serrano señaló directamente el gas natural como «la raíz del problema». En el Congreso también se presentó un informe de AFI que muestra que las petroleras obtuvieron grandes beneficios en los primeros seis meses del año. El estudio, apunta la organización en una nota de prensa, «confirma que las compañías eléctricas no han experimentado los llamados beneficios extraordinarios».

Aunque recientemente la posición de España se ha acercado a la comunitaria, no siempre fue así y las propuestas, aún no aprobadas, eran distintas. Bruselas opta por gravar los beneficios, mientras que la medida del Gobierno tasaría los ingresos. La diferencia no es sólo de forma, sino también de alcance: con la herramienta comunitaria quedarían fuera las energéticas que no operan con hidrocarburos, mientras que con la del Ejecutivo español, no.

Las grandes gasistas y petroleras estarían dentro en ambos casos siempre que facturasen más de 1.000 millones de euros en 2019. La Comisión Europea sí plantea una redistribución en el caso de las energías inframarginales, pero sólo cuando se superen los 180 euros por megavatio hora, lo que en la práctica dejaría fuera a Iberdrola y Endesa en España.

Una de las claves de la diferenciación está en el funcionamiento del mercado mayorista. Las fuentes renovables o la nuclear apenas tienen coste de producción, más allá de las inversiones iniciales en las infraestructuras. Una vez amortizado pueden ofertar su electricidad en este mercado a precios muy bajos y obtener unos beneficios que, al fijarse el precio del megavatio hora en base a la última fuente en entrar en la subasta -es decir, la más cara, que en la actual crisis es el gas-, son mucho más altos que en otras épocas. Esperan recaudar 117.000 millones de euros, pero no en España, donde ya existe un límite y está muy por debajo, en 67 euros por megavatio hora.

El mercado está montado así, en parte, para fomentar las energías renovables y la Comisión no quiere interferir en los objetivos de transición marcados para 2030 y 2050. En cualquier caso, Bruselas hace una distinción entre las que utilizan gas y las que no, del mismo modo que apunta a las petroleras, que también habrían aumentado los beneficios con el alza del precio del crudo y unos márgenes más altos en el refino: habrá una contribución solidaria de hasta el 33% sobre los beneficios de 2022 que estén por encima del 20% de aumento sobre los beneficios medios de los tres años anteriores.

Detrás de las medidas recaudatorias están unos números extraordinarios que, en cualquier caso, niegan las compañías energéticas. En la última ronda de presentación de resultados, a pesar de que en muchos casos se anunciaron cifras récord -o, por lo menos, no vistas en años-, el mensaje en el sector era similar: la situación también es compleja para las empresas. Incertidumbre, gastos disparados o peores resultados en España eran algunos de los peros junto a los que se anunciaban estos datos. Cuando tuvieron que utilizar centrales de gas, aseguraban, no pudieron repercutir el alto coste del combustible a los clientes de tarifas fijas, porque éstas se negociaron antes de la crisis. También adelantaban su predisposición a defenderse ante medidas que consideran arbitrarias.

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