Migración ilegal a EE. UU. se internacionaliza cada vez más, ¿qué está pansando?

Casi la mitad de los arrestados en la frontera sur ya no proviene de México o del Triángulo Norte.

Migración ilegal a EE. UU. se internacionaliza cada vez más, ¿qué está pansando?

Casi la mitad de los arrestados en la frontera sur ya no proviene de México o del Triángulo Norte.

Los expertos en temas migratorios en Estados Unidos sostienen que actualmente está ocurriendo un “nuevo fenómeno” al que pocos le están prestando atención. Y no es propiamente los niveles récords de inmigración ilegal hacia este país que se han registrado mes a mes en este año; se trata, más bien, de una profunda transformación en cuanto al origen de ese desplazamiento.

Por décadas, este fue un flujo que estuvo dominado por ciudadanos mexicanos, y, más recientemente, a ellos se les añadieron los centroamericanos, particularmente del Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador). Pero, en los dos últimos años se ha presentado todo un “tsunami” de personas que están llegando de países diferentes. Entre ellos, de Colombia.

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Eso sumado a la multitud venidos de naciones de la región como Venezuela, Nicaragua, Brasil, Ecuador, Cuba o Haití, y de remotos destinos como China, Ucrania, Rusia, India, Filipinas, Birmania y Rumania.

Si bien la inmigración a Estados Unidos desde estos países no es nueva, el hecho que ahora estén llegando a través de la frontera sur sí lo es. Y esto implica enormes retos para las autoridades en este país.

Los incrementos son más que evidentes en las nuevas estadísticas que viene publicando el Departamento de Seguridad Interna y la patrulla fronteriza. Y que se suman a un reciente reporte de la organización Wola sobre las nuevas tendencias migratorias en la región.

Hoy casi la mitad de los arrestados en la frontera ya no proviene de México, Guatemala u Honduras

Antes del 2010, según cifras oficiales, más del 97 por ciento de la inmigración ilegal -medida por la cantidad de arrestos en la frontera sur- provenía de México. Tanto, que el restante tres por ciento era simplemente identificado como “de otras nacionalidades”. Pero, eso comenzó a cambiar en el 2012 tras el flujo masivo de personas provenientes del Triángulo Norte.

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Según Wola, para el año 2014 el número de personas arrestadas provenientes de estos tres países superó por primera vez en la historia a los que llegaban de México.

Es decir, la “torta” de ilegales pasó de ser casi exclusivamente mexicana a una dividida en cuatro con un alto componente de centroamericanos.

Entre 2016 y el 2018, el 95 por ciento de todos los detenidos en la frontera sur tenían como origen uno de estos cuatro países, y solo el cinco por ciento ocupaban la categoría “otros”. Tendencia que se sostuvo hasta el año fiscal 2019 (octubre de ese año a octubre del 2020), cuando el porcentaje de “otros” subió al 12 por ciento. Para 2020 creció al 20 por ciento y en lo que va de este 2022 la cifra ya se ubica en el 42 por ciento.

Migrantes venezolanos corren después de cruzar el Río Bravo, o Río Grande como se le llama en los EE. UU.

Foto:

EFE

En otras palabras, hoy casi la mitad de los arrestados en la frontera ya no proviene de México, Guatemala, Honduras o El Salvador sino de un país diferente.

Las cifras, además, podrían ser superiores si se miran en detalle, dado que una gran mayoría de las expulsiones o deportaciones que hace EE. UU. actualmente se realizan a través del llamado Título 42, que le permite a este país removerlos de manera inmediata alegando que existe una emergencia en salud causada por la pandemia del covid-19.

Y como se trata de una expulsión, los ciudadanos de México son simplemente puestos del otro lado de la frontera sin que exista una sanción por tratar de ingresar de manera ilegal.

Muchos, por lo tanto, lo suelen intentar una y otra vez tergiversando el número de mexicanos detenidos, pues muchas veces es la misma persona.

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El caso de los colombianos, si bien no es único, ejemplifica este nuevo fenómeno que se viene presentando en la frontera.

En el 2020 representaron solo el 0,8 por ciento de los inmigrantes detenidos (404 arrestos). Pero en lo que va del año fiscal 2022 ya representan más del 5 por ciento del total (98.000 arrestos entre 1’900.000).

En este mismo periodo, los venezolanos pasaron del 0,6 por ciento del total al 6,7 por ciento. Y algo similar se ve con ciudadanos de Cuba, Nicaragua, Ucrania y Rusia.

Migrantes en la frontera con México.

Foto:

Guillermo Arias / AFP

En su informe, Wola identificó la tendencia pero desde otro ángulo. Según la organización, en esta última década se ha presentado una marea de inmigración ilegal a través del tapón del Darién, que separa a Colombia de Panamá, y que es visto como otra de las rutas iniciales para llegar a EE. UU. pasando de 283 casos en el 2011, dice Wola, a más de 133.000 en 2021.

Las razones tras este “cambio radical” que se viene presentado en la frontera son de diversa índole y varían dependiendo del país.

Hay unas generales, como las dificultades económicas que experimentan muchos países y que fomentan la migración ilegal hacia Estados Unidos. Sumada a la inestabilidad política en países como Venezuela y Nicaragua, el cambio climático, los desastres naturales y la inseguridad.

En meses recientes, a eso se ha sumado la guerra entre Ucrania y Rusia que ha forzado el desplazamiento de millones de personas.

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Un reto formidable

Sea cual sea, el fenómeno plantea un reto mayúsculo para Estados Unidos, especialmente para la actual administración demócrata.

“Biden está enfrentado una situación única que nunca le había tocado a otro presidente. No se trata simplemente del alto número de ilegales que se está arrestando, que está en niveles récord, sino de cómo manejar un flujo de personas que ya no viene de países fronterizos sino de toda la región y otros continentes. No es lo mismo devolver una persona a México, que montarlos en un avión y llevarlos a otro país”, sostiene David Bier, director del programa para estudios migratorios del Instituto Cato.

De acuerdo con Bier, el sistema actual está diseñado para procesar una inmigración más local, cuando la realidad en el terreno es el de una inmigración internacional. En ese sentido, EE. UU. ha enfocado su respuesta en soluciones que ataquen las raíces de la inmigración ilegal desde estos países y den una aproximación hemisférica al problema.

El Legislativo debe actualizar el sistema migratorio para que incluya otros caminos legales para ingresar a EE. UU.

Para Bier, sin embargo, en el fondo se sigue tratando de buscar una salida usando el mismo guion para un desafío que es mucho más complejo.

Algo similar piensa Doris Meissner, del Migration Policy Institute. Para esta analista, el manejo de la frontera, que ya de por sí era una tarea titánica, se ha vuelto una odisea ahora que el flujo lo componen ciudadanos de múltiples nacionalidades.

“Cada uno de esos grupos requiere una aproximación diferente. Empezando por una reestructuración de un sistema de asilo que tenga en cuenta esta nueva realidad”, afirma Meissner.

En opinión de Bier, el problema antes que solucionarse hasta podría empeorar, pues nada indica que el flujo migratorio hacia EE. UU. va a atenuarse en los próximos meses o años dado que las causas que lo empujan no van a desaparecer de la noche a la mañana.

Eso sumado a que el país no cuenta con las estructuras necesarias para procesar y expulsar a estas personas a la misma velocidad con la que están llegando.

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El presidente Joe Biden enfrenta un reto sin precedentes en materia migratoria.

Foto:

EFE

Es por eso que Bier insiste en que es necesario que el Congreso apruebe una reforma migratoria que contemple otras opciones y regule el flujo de ilegales y solicitantes de asilo.

“A pesar de que estas personas están abandonando sus países por razones justificables, la gran mayoría no califican para un asilo. El Legislativo debe actualizar el sistema migratorio para que incluya otros caminos legales para ingresar a EE. UU. Paralelamente, Washington debe presionar a la región para que asuma el problema de la migración como una responsabilidad compartida. Antes de que eso suceda es improbable que veamos una mejoría”, dice este analista.

SERGIO GÓMEZ MASERICORRESPONSAL EL TIEMPOWASHINGTON​@sergom68

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